Cautela para los Cultivos de Invierno: Tensiones Globales Elevan Costos y Exigen Rindes Récord

La temporada de siembra de cultivos invernales se inicia bajo un panorama económico desafiante, particularmente para el trigo, lo que provoca preocupación entre los productores y otros actores del sector agrícola.

El encarecimiento de los insumos, consecuencia directa del conflicto en Medio Oriente, ha disparado los rendimientos de equilibrio —ya elevados en la campaña anterior— en aproximadamente 100 kilogramos por hectárea para el trigo, la cebada y la colza. Esta coyuntura bélica y sus repercusiones generarán una elevada volatilidad en los precios de fertilizantes nitrogenados (para la segunda aplicación en julio/agosto) y combustibles (para la cosecha en noviembre/diciembre). Adicionalmente, los agricultores enfrentan el riesgo de una primavera con abundantes lluvias, pronosticadas por el fenómeno de El Niño, lo que representa una amenaza considerable, en especial para los cereales.

Las recientes precipitaciones ya complican la fase final de una zafra de verano que ha sido difícil desde su inicio. Centrándonos en los gastos de la campaña invernal, los fertilizantes nitrogenados se perfilan como el componente más impredecible y con mayor peso en la estructura de costos.

No obstante este escenario incierto, una tendencia clara emerge: la máxima superficie posible se destinará a las oleaginosas de invierno. Las empresas semilleras estiman que el área podría rondar las 400 mil hectáreas, combinando colza, carinata y camelina, aunque los detalles comerciales de esta última no se han divulgado. La colza, en particular, podría superar las 350 mil hectáreas, rebasando el récord de 348 mil de 2023; la alta demanda ha agotado las variedades de semillas más solicitadas. Esto refleja la preferencia del agricultor, ante un mercado de trigo poco atractivo y márgenes estrechos para la cebada, a pesar de una reciente mejora de precios.

Datos de la Federación de Grupos CREA (Fucrea) confirman esta tendencia: la colza escaló del tercer al primer puesto en superficie sembrada por sus miembros en la zafra 2025, con un incremento del 73% (de 17.894 a 30.912 hectáreas) entre 2024 y 2025. En contraste, el trigo disminuyó un 12% (de 33.200 a 29.200 hectáreas) y la cebada un 20% (de 27.000 a 21.500 hectáreas), dentro de las más de 93 mil hectáreas totales de Fucrea. Otros cultivos, como carinata y semillas forrajeras, vieron un alza del 45% en su superficie, alcanzando las 11.700 hectáreas. El asesor Gonzalo Invernizzi anticipó que la distribución para este año será similar, según su exposición en la Jornada de Cultivos de Invierno de Fucrea el 8 de abril. La colza se distingue por su mejor adaptación a primaveras húmedas y, en rotación con la soja de segunda, ha demostrado ser históricamente más rentable que el ciclo trigo-soja, explicó Mathías Soumastre de Fucrea. Sin embargo, las ventajas económicas chocan con las consideraciones agronómicas; la siembra continua de colza o cualquier brassica eleva los riesgos sanitarios, lo que modera la magnitud de los cambios en el área de cultivo, pese a las grandes diferencias de precios.

Según las estimaciones de costos de Sofoval del 9 de abril, el presupuesto para el trigo se incrementa en 97 dólares, pasando de 793 a 890 dólares por hectárea (sin contar renta ni contingencias). Esto eleva el rendimiento de equilibrio de 4.200 a 4.300 kg/ha, con una expectativa de 4.500 kg/ha. Para quienes arriendan tierras, se necesitarían 5.000 kg/ha para cubrir gastos. El año pasado, los productores de Fucrea lograron 5.080 kg/ha, lo que sugiere que incluso con condiciones favorables, el margen sería ajustado. El mayor impacto en el alza de costos proviene del fertilizante nitrogenado, que pasa de 140 a 238 dólares por hectárea. Otros insumos como semilla y preemergentes disminuyen de 177 a 166 dólares/ha. Los costos de labores suben 4 dólares, alcanzando los 224 dólares, mientras que los de poscosecha, como el flete (16,5 dólares/tonelada por 60 km) se mantienen estables, y el secado aumenta ligeramente de 10 a 10,6 dólares/tonelada. Sin embargo, la incertidumbre geopolítica plantea una duda crucial sobre el precio del gasoil a lo largo del año, especialmente para la siembra en mayo, donde podría ser superior al actual. A pesar de todo, el trigo ha sido el cultivo invernal con mayor mejora de rendimiento en la última década, creciendo 211 kg anuales gracias a la tecnología y la genética, según Invernizzi.

Por su parte, la cebada ha mostrado un aumento de 144 kilos por año en su rendimiento, mientras que la colza ha permanecido «estancada» con apenas 31 kilos anuales. Para la cebada, los costos ascienden en 97 dólares por hectárea, llegando a 906 dólares sin renta ni imprevistos, lo que representa un 12% más que el año anterior, principalmente por el salto del precio de la urea de 140 a 238 dólares por hectárea. Su rendimiento de equilibrio se eleva de 4.000 a 4.100 kg/ha. Otros insumos suman 200 dólares, 10 menos que en 2025, gracias a la reducción en los precios de semillas, graminicidas, fungicidas y herbicidas.

Para la colza, los presupuestos de Sofoval indican un aumento de 133 dólares por hectárea en los costos sin renta ni imprevistos, pasando de 670 a 803 dólares. Este incremento es más pronunciado que en los cereales, ya que, además del alza general de la urea, Sofoval ajustó la cantidad de aplicación de 130 a 150 kilos por hectárea. Como resultado, el costo de la urea por hectárea casi se duplica, de 121 a 238 dólares en 2026. La fertilización se complementa con Supersimple, cuyo costo sube de 75 a 86 dólares por hectárea. Los gastos de flete y secado para la colza permanecen estables en comparación con 2025, mientras que las labores aumentan 8 dólares (hasta 270 dólares/ha) y la poscosecha 4 dólares (hasta 111 dólares). El menor volumen de producción por hectárea, pero con un mayor valor por tonelada, atenúa el impacto total de estos costos. Es importante señalar que estos valores de referencia son provisionales y altamente dependientes de la fluctuación de los precios de fertilizantes y combustibles. La urea, cotizada en abril a 793 dólares por tonelada, es la incógnita principal, generando dudas sobre su precio y disponibilidad para las futuras refertilizaciones.

Mathías Soumastre presentó los presupuestos de Fucrea para la campaña 2026/27, detallando que el costo por hectárea de trigo asciende en 118 dólares, alcanzando los 854 dólares. La cebada ve un aumento de 46 dólares, situándose en 839 dólares/ha, mientras que la colza experimenta un incremento de 176 dólares, llegando a un presupuesto de 713 dólares por hectárea frente a los 537 dólares de la zafra anterior. Los rendimientos de equilibrio (antes de la renta) se estiman en 4.449 kg/ha para el trigo, 3.599 kg/ha para la cebada y 1.396 kg/ha para la colza. La pregunta es si son metas realistas. En los dos años previos, el 57% de las empresas logró el rendimiento mínimo en trigo, el 87% en cebada y el 83% en colza. Sin embargo, el rendimiento de equilibrio después de considerar la renta es considerablemente más alto, con 5.334 kilos para el trigo, 4.294 para la cebada y 1.693 para la colza. En trigo, solo el 24% de las empresas CREA alcanzó este nivel en 2024 y 2025, porcentaje que subió al 66% para la cebada y la colza. Soumastre comentó que la brecha entre trigo y cebada es «casi puramente un tema de precio», lo que complica la situación del trigo con los valores actuales y los fertilizantes caros. Para la colza, incluso con rendimientos de 1.700 kg/ha, el margen sigue siendo positivo con precios que superan los 500 dólares por tonelada.

Con los costos en rápido ascenso y los precios de los cereales con un incremento más lento, los márgenes proyectados para la siembra se han reducido al mínimo. La colza, a pesar de experimentar el mayor aumento relativo en sus costos, se afianza como la opción preferida y el único cultivo que promete un margen seguro. Para el trigo, Sofoval estima un precio de 220 dólares por tonelada (superior a los 190 actuales) y un rendimiento esperado de 4.500 kg/ha. Una posible disminución global en la siembra de trigo, debido a la presión de los fertilizantes, podría impulsar los precios. El rendimiento de equilibrio sin renta se fija en 4.300 kg/ha, y el margen neto proyectado es de apenas 50 dólares por hectárea, el más ajustado entre los tres cultivos. Es relevante recordar que en 2025 el trigo también se presupuestó a 220 dólares/ton, pero se comercializó por debajo de ese valor, promediando los 190 dólares. Esto se debió, en parte, a la baja calidad proteica, resultando en menos trigo panificable y más forrajero, cuyo precio recibió el apoyo de la demanda de tambos y corrales. Australia reducirá su área de trigo en un 10%, la menor en siete años, favoreciendo la cebada y la colza por su menor requerimiento de nitrógeno. Sin embargo, el efecto de estos cambios en el precio internacional es gradual. A corto plazo, los cultivos de trigo en el hemisferio Norte están avanzados y no se ven afectados por la actual suba de fertilizantes y combustibles. Aún no se dispone de estimaciones sobre la superficie de trigo en Argentina.

La ecuación para la cebada ha mostrado una mejora reciente, aunque en un mercado con menor demanda. Sofoval estima un precio de 233 dólares por tonelada, con un rinde esperado de 4.500 kg/ha. El rendimiento de equilibrio se sitúa en 4.100 kg/ha (superior a los 4.000 kg/ha proyectados la zafra anterior), y el margen neto previsto es de 90 dólares por hectárea. La superficie destinada a cebada podría estabilizarse o crecer levemente respecto al año pasado, que fue la más baja en ocho temporadas. Mientras Maltería Oriental aspira a aumentar su superficie de 62 mil a 75 mil hectáreas, Ambev prevé una reducción de 80 mil a 70 mil hectáreas, en un escenario de menor demanda y mayores existencias. Una ventaja clave de la cebada sobre el trigo es que los agricultores pueden asegurar precios anticipadamente, basados en el valor del trigo de diciembre en la Bolsa de Chicago, que en las primeras semanas de abril fluctuó entre 225 y 235 dólares por tonelada. Un año atrás, el precio estimado era 214 dólares, cayendo a 190 dólares en la cosecha. A diferencia del trigo, la zafra pasada la cebada mostró una excelente calidad con bajos rechazos en malterías y rendimientos promedio altos (superiores a 4.640 kg/ha), si bien el precio final (190 dólares/ton en lugar de los 200 esperados) resultó en un margen negativo de -13 dólares, según promedios de Fucrea.

El año pasado, la colza fue presupuestada por Fucrea a 440 dólares, pero se comercializó a un promedio de 500 dólares la tonelada, generando un margen post-renta de 149 dólares por hectárea, solo superado por la carinata con 175 dólares/ha. En la última semana, los agricultores lograron cerrar ventas de colza entre 510 y 514 dólares por tonelada, con precios impulsados por el fortalecimiento del euro frente al dólar y referencias de 580 a 585 dólares/ton en el mercado Matif de París, que sirve de referencia para Uruguay. El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) estima una producción de colza de 370 mil toneladas en la zafra 2025. Hasta el 15 de abril, se exportaron 320 mil toneladas por un valor de 167 millones de dólares, a un promedio FOB de 521 dólares por tonelada, según datos de Aduanas. La colza se perfila como el cultivo invernal más consistente, con una variación interanual de rendimiento inferior al 11%. No obstante, necesita una actualización genética y mejoras nutricionales para superar sus límites de producción actuales y mantener su competitividad. Este año se han introducido nuevas variedades genéticas con mayores potenciales de rendimiento, lo que podría influir positivamente en los resultados. En contraste, la variabilidad interanual del rendimiento de trigo es del 20% y la de cebada del 15%, y la nutrición explica la mitad de estas fluctuaciones. «Nos estamos quedando cortos de nitrógeno», advirtió Invernizzi, un insumo clave cuyo precio, lamentablemente, está supeditado al conflicto bélico que transcurre a miles de kilómetros de distancia.

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