[t]La anestesista Inés Miralles reaparece públicamente, negando responsabilidad en caso de mala praxis y cuestionando la sanción reducida por la ministra Lustemberg[t]

[c]La anestesista Inés Miralles, condenada a finales del año pasado por un caso de mala praxis que resultó en el fallecimiento de la pediatra Soledad Barrera tras una intervención quirúrgica, rompió el silencio este martes en una entrevista con Informativo Carve. Durante su intervención, Miralles desmintió su responsabilidad en los hechos, a pesar de haber admitido su culpa en un juicio abreviado que culminó con una pena de 24 meses de prisión, sustituida por arresto domiciliario nocturno.

Es importante recordar que la figura del juicio abreviado requiere el reconocimiento de culpabilidad por parte del imputado para acceder a una condena menor a la que enfrentaría en un juicio completo.

«Creo que no fui yo, y varios tenemos identificados a los responsables, pero no hay pruebas; así como no hay pruebas para inculparme a mí», afirmó la anestesista en la entrevista. Su situación volvió a ser centro de atención en las últimas semanas al trascender que la ministra de Salud Pública, Cristina Lustemberg, redujo de cinco a tres años la inhabilitación para ejercer la profesión, una sanción impuesta originalmente por la Comisión Honoraria de Salud Pública tras la condena judicial. Esta decisión generó críticas por parte de la oposición, que exigió explicaciones. En este contexto, se mencionaron supuestos vínculos de Miralles, a través de su hermana, con la ministra y con Zaida Arteta, directora de Coordinación del MSP. Sin embargo, la anestesista lo negó enfáticamente: «Yo no tengo ningún tipo de contacto con la ministra y mi hermana tampoco», aseguró.

Miralles también refutó las acusaciones de una presunta adicción a drogas, específicamente al fentanilo, un rumor que surgió en medio de la controversia. «Para nada tengo un problema», declaró, y añadió que se puso a disposición de la mutualista donde se realizó la intervención para someterse a exámenes aleatorios de orina, en coordinación con la dirección técnica.

**La intervención y el caso de mala praxis**

La profesional defendió su actuación durante la cirugía de la pediatra Soledad Barrera, ofreciendo detalles del procedimiento y los eventos subsiguientes. «Si bien es un hecho bastante cotidiano y en el 90% de los casos no pasa nada, hay condiciones propias de la cirugía que pueden llevar a un paro cardiorrespiratorio u otro tipo de complicaciones», explicó, refiriéndose a lo ocurrido con Barrera.

Asimismo, desmintió «el mito de que el carro de anestesia no estaba prendido». «Si eso no hubiese estado prendido, a los cinco minutos ya hubiera entrado en paro y la cirugía nunca hubiera empezado», afirmó.

Relató también su breve ausencia de la sala de operaciones y su proceder al regresar: «Le avisé al ayudante de anestesia que me iba un segundo al baño a mojarme la cara. Voy al baño, dos o tres minutos, me mojo la cara y cuando llego lo veo al ayudante sentado frente al monitor. Cuando volví, me quedé hablando con los cirujanos, lo que hacemos siempre, hasta que en un momento miro el monitor y veo que hizo una bradicardia. Ahí empiezo con la medicación. Cuando veo que no revirtió y se convirtió en un paro, se sacó todo y se empezó a reanimar», detalló.

Tras el paro cardiorrespiratorio, la paciente fue trasladada a una sala común y no a CTI, aparentemente porque no se confirmó la disponibilidad de una cama en la unidad de cuidados intensivos. Meses después, la pediatra falleció, lo que motivó el inicio de una demanda penal por parte de su familia.[c]

Fuente: Enlace Original

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