Previsiones apuntan a un El Niño sin precedentes y sus dramáticas repercusiones globales en el clima

25 de agosto de 2026

El actual fenómeno de El Niño se perfila como el más potente jamás documentado, con la capacidad de desencadenar eventos meteorológicos extremos en diversas partes del mundo y de proyectar a 2027 como el año más cálido registrado.

Expertos señalan que este episodio, combinado con el calentamiento global de origen antropogénico, ofrece una anticipación de las temperaturas que podrían volverse comunes hacia finales de la década de 2030, según un reporte de AFP. Mientras tanto, los océanos del planeta ya han alcanzado sus temperaturas promedio más elevadas históricamente. En el ámbito local, en Uruguay, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) enfatizó la importancia de la anticipación, el monitoreo y la planificación para la resiliencia de los sistemas productivos, dado que el fenómeno se fortalecerá en los próximos meses, llevando incluso a la postergación de vencimientos de facturas de servicios básicos para afectados por inundaciones.

**¿En qué consiste El Niño?**
El Niño representa una variación climática natural que eleva las temperaturas superficiales en la zona central y este del Pacífico ecuatorial. Se origina cuando los vientos del este, que habitualmente retienen las aguas cálidas en el Pacífico occidental, se debilitan temporalmente, permitiendo que estas aguas asciendan a la superficie y se desplacen hacia el este. La persistencia de temperaturas superficiales superiores a lo normal durante varios meses incrementa las tormentas en la región, lo cual tiene «repercusiones en toda la atmósfera terrestre», explica Emily Becker, climatóloga de la Universidad de Miami. Como resultado, se generan condiciones más cálidas y secas en algunos lugares, y más frescas y húmedas en otros. Con episodios de El Niño más intensos, «podemos esperar ver más de estas consecuencias», indica a AFP Michelle L’Heureux, del centro de previsión climática de la Agencia estadounidense de observación oceánica y atmosférica (NOAA), aunque estas repercusiones no son absolutas.

**Perspectivas para este año**
Actualmente, las temperaturas de la superficie marina en la región Niño 3.4, un área de referencia en el Pacífico, superan en aproximadamente 2.6°C el promedio de los últimos 30 años, según el panel Climate Brink, que utiliza datos de la NOAA. Las proyecciones de este panel sugieren que el fenómeno podría alcanzar su máximo en noviembre con un incremento de 3.9 °C, excediendo significativamente la anomalía de 3 °C registrada en 2015, el año récord anterior. Se anticipa que esto convierta a 2027 en el año más cálido de la historia, ya que el impacto de El Niño se percibe principalmente el año posterior a su manifestación.

Según cálculos de los climatólogos Zeke Hausfather y Andrew Dessler, El Niño podría provocar un aumento global medio de 0.3 °C en 2027. Dessler, profesor de la Universidad Texas A&M, lo describe como «un adelanto del futuro», señalando que un calentamiento de esta magnitud a largo plazo no se esperaría de otro modo hasta 2037, aunque precisa que esta alza de temperatura se concentrará principalmente en el Pacífico ecuatorial. Mike McPhaden, investigador del Laboratorio Ambiental Marino del Pacífico de la NOAA, ofrece estimaciones similares: «No es descabellado que 2027 pueda situarse 1.7 °C por encima de los niveles preindustriales», afirma a AFP.

La medición de El Niño no es uniforme. En febrero, la NOAA adoptó un nuevo sistema, el Índice Relativo Oceánico de El Niño (RONI), que compara la anomalía de temperatura de la zona 3.4 con el resto del cinturón tropical. Bajo esta clasificación, la NOAA estima una probabilidad del 69% de que el El Niño de este año sea el más intenso desde el inicio de los registros en 1950. Por su parte, la agencia británica Met Office también advirtió que el fenómeno actual será «el más intenso en más de un siglo». Adam Scaife, responsable de previsiones a largo plazo en el Met Office, resaltó que las consecuencias serán «especialmente fuertes en los trópicos», con drásticas sequías en Sudamérica y el Pacífico occidental.

**La relación con el cambio climático**
Los científicos concuerdan en que el cambio climático acentúa los efectos de El Niño. La atmósfera terrestre, al calentarse por los gases de efecto invernadero, retiene más humedad, lo que puede intensificar las lluvias asociadas al fenómeno. A la inversa, en regiones ya propensas a la sequía, puede exacerbar la desecación de los suelos. No obstante, no hay un consenso absoluto sobre si el cambio climático fortalece al propio El Niño, aunque están surgiendo indicios en esa dirección.

McPhaden sugiere que el calentamiento de los mares tropicales aumenta la sensibilidad de los vientos que impulsan El Niño, lo que, por convección, podría acelerar su desarrollo. Sus conclusiones, basadas en diversos indicadores que van desde registros paleoclimáticos de esqueletos de coral hasta mediciones instrumentales del siglo XIX y simulaciones climáticas, indican que la intensidad de los episodios de El Niño habría aumentado aproximadamente un 10% en el último siglo.

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