Uruguay ha alcanzado brechas de rendimiento históricas en la última campaña de cultivos de verano entre las parcelas regadas y las de secano. En maíz, la productividad con riego superó en más del doble a la de secano, mientras que en soja las diferencias oscilaron entre el 80% y 90% más, según datos de Blasina y Asociados, publicados el 31 de agosto de 2026. A pesar de estos números contundentes, la adopción del riego en el país sigue siendo limitada, cubriendo apenas entre el 10% y 15% del área de maíz y un escaso 2.2% de la superficie destinada a la soja.
Este panorama resalta la importancia de la intensificación productiva ante un potencial limitado de expansión de área, especialmente crucial para el maíz. Con aproximadamente 70.000 hectáreas actualmente bajo riego por pivot y un potencial de crecimiento hasta las 300.000 hectáreas, la Comisión Ejecutiva Interministerial para Asuntos del Riego (CEIAR), presidida por el exministro Tabaré Aguerre, presentó sus primeros avances ante el Parlamento. Las gremiales agrícolas respaldan la necesidad de una política de Estado que fomente inversiones a largo plazo, abordando obstáculos actuales como la infraestructura de transmisión y las tarifas eléctricas de UTE, que representan el mayor costo del bombeo.
Una reciente redefinición en la clasificación de grandes consumidores de electricidad ha generado una paradoja: el gasoil se ha vuelto una fuente de energía más económica para el riego. Esto choca con el objetivo de Uruguay de promover una cadena productiva con un sello de sostenibilidad, apoyándose en su matriz energética, la cual se nutre en un 98% de fuentes renovables. Aguerre visualiza el riego como el punto de partida de una cadena que transforma el maíz en «carne diferenciada y de alta terminación», producida en un país que utiliza energía renovable y donde el 75% de la vida del animal transcurre en pastizales naturales. «Ese es el sello distintivo de Uruguay», afirmó en Radio Rural. La misión de la CEIAR, según el exministro, es establecer las condiciones económicas y organizacionales para que el agua sea un insumo productivo fundamental en sistemas de alto potencial, capaces de triplicar la producción de maíz y al menos duplicar la de soja.
**Aumento Notorio en la Diferencia de Rendimientos**
El grupo Regadores Unidos, que agrupa a 72 empresas que irrigan entre 60.000 y 70.000 hectáreas, considera que la CEIAR ha realizado un diagnóstico «profundo y acertado» de los desafíos del sector. Gastón Sebben, referente de la agrupación, destacó que la zafra 2026 marcó el diferencial más grande entre riego y secano en la historia reciente. La soja bajo riego promedió unos 3.500 kg/ha, el doble de los 1.700 kg/ha obtenidos sin riego en una campaña afectada por la sequía, una diferencia «nada común». En promedio, el diferencial habitual es de unos 1.000 kg más en soja de primera y 700 kg en soja de segunda, pero en esta campaña fue la clave entre pérdidas y ganancias, dado que el rendimiento de equilibrio superó los 2.000 kg/ha.
Según datos oficiales de la DIEA para la zafra 2025/26, el maíz de primera regado alcanzó 11.680 kg/ha frente a 5.088 kg/ha en secano, y el maíz de segunda 8.315 kg/ha con riego versus 4.549 kg/ha sin irrigar. El área de maíz regado aumentó un 37% en un año, de 27 mil a 37 mil hectáreas, con un 20% del maíz de primera irrigado (17.672 hectáreas). Sebben enfatizó que la variabilidad interanual del rendimiento en maíz con riego es significativamente menor (12%) en comparación con el 38% en secano, lo que convierte al riego no solo en un multiplicador, sino en un estabilizador del negocio agrícola. Los rendimientos máximos en la última campaña fueron de 17.000 a 18.000 kg/ha en maíz, y en soja superaron los 5.000 kg/ha. La tasa de adopción de riego ha crecido un 9% anual acumulado desde 2020, impulsada por mejoras en la reglamentación de promoción de inversiones (COMAP).
**El Diésel como Contradicción Energética**
El principal obstáculo identificado por Regadores Unidos es el energético. Los sistemas de riego por pivot, que son de aspersión, demandan energía eléctrica de manera intensiva y estacional. Las tarifas actuales de UTE, diseñadas para la industria, no se ajustan a esta estacionalidad ni al límite de 250 kilowatts para grandes consumidores, lo que duplica el costo por potencia contratada para sistemas de más de 250 hectáreas. Sebben resumió: «El acceso a la energía, la electrificación rural que no se ha extendido pensando en el riego, tiene que estar disponible la potencia. Las tarifas tampoco son pensadas para regar».
Desde hace dos años, para los sistemas más grandes, los generadores a gasoil resultan más rentables que la conexión a UTE, una flagrante contradicción para un país con una matriz renovable. Enrique Carlos Oyharzabal, directivo de la Asociación Agro-Pecuaria de Dolores, criticó duramente a UTE, señalando que cobra el 100% de la obra de electrificación, pero esa inversión no puede ser computada como activo propio del productor ni garantía bancaria, ya que pasa a ser propiedad de UTE. «Es totalmente descabellado. Es como que te digan: hacete el camino para llegar a tu campo, y después pasa a ser propiedad de la intendencia», afirmó Oyharzabal. Esta situación lleva a muchos a operar con generadores a gasoil, pese a la complejidad logística de rellenar tanques en el campo.
Un ejemplo de esta problemática es la represa que promueven Oyharzabal y su asociación en el arroyo El Águila (cuenca del San Salvador) en Soriano, que podría regar hasta 9.000 hectáreas. Pese a la avanzada propuesta que busca articular a productores y la CEIAR, Oyharzabal lamentó que, de concretarse la obra con las condiciones actuales, la mayoría de la energía sería diésel. Su visión a futuro, sin embargo, apunta a sistemas fotovoltaicos combinados con generación hidráulica en las propias tuberías para una mayor independencia de UTE.
**El Agua: el Verdadero Petróleo de Uruguay**
Aguerre, liderando la CEIAR que integra varios ministerios bajo la coordinación de Presidencia, presentó el avance de su trabajo ante la Comisión de Ganadería del Senado, calificándolo como un cambio radical en la forma de abordar el tema. La premisa central es clara: el agua es el «petróleo de Uruguay». El país registra un promedio anual de 1.500 mm de lluvia por m2, pero con una distribución muy irregular que causa sequías (pérdidas de US$ 1.800 millones en 2023) y, a veces, excesos. La tendencia climática proyecta más lluvias, pero peor distribuidas. «El agua no es el problema. El problema es cuándo llueve», sintetizó Aguerre.
La estrategia propuesta es capturar el agua en épocas de abundancia para utilizarla en la escasez, emulando el modelo exitoso del cultivo de arroz. A diferencia de este último, los cultivos extensivos de verano como maíz y soja nunca se irrigaron masivamente, y hoy apenas el 4% del área total está bajo riego, aunque con una reciente aceleración. Aguerre argumenta que el modelo individual de cada productor construyendo su propia represa limita el acceso a quienes no tienen escala o topografía adecuada. La CEIAR impulsa un modelo multipredial, con obras de almacenamiento compartidas y figuras jurídicas como la sociedad agraria de objeto de riego y el operador de riego, que disocian al inversor de la infraestructura del gestor del recurso.
Estudios desde los años 60 indican que Uruguay puede regar sosteniblemente entre 250.000 y 300.000 hectáreas. Actualmente se riegan 70.000. La Facultad de Agronomía ha investigado por 25 años, concluyendo que en el 90% de los años los cultivos de verano sufren déficit hídrico, que el riego duplica o triplica la producción en sistemas de alta productividad potencial, y que en años extremos como 2023, la producción regada puede ser hasta seis veces mayor que la de secano. Aguerre también subrayó los beneficios ambientales del riego: mejora la eficiencia de absorción de fósforo, permite una aplicación más precisa del nitrógeno vía fertirriego, y reduce el impacto ambiental relativo por kilo producido.
En cuanto al cuello de botella energético, Aguerre adelantó que UTE está desarrollando una tarifa específica para riego, que será estacional, permitirá un uso fuera de zafra del 25-30% para contingencias invernales y elevará el límite de mediano a gran consumidor de 250 a 700-800 kilowatts, aliviando la carga para la mayoría de los regantes.
**La Ganadería como Motor del Riego**
«La carne del Uruguay es uno de los motores indirectos más importantes para el desarrollo del riego», afirmó Aguerre. El consumo de maíz en el país se ha disparado, pasando de 700.000 a 2 millones de toneladas anuales, impulsado por los corrales de engorde y la producción lechera. Ante una magra zafra de 1.45 millones de toneladas, se proyecta una importación récord de maíz este año. La «calidad integral» de la carne uruguaya, según Aguerre, no solo abarca lo organoléptico, sino también los servicios ecosistémicos y el valor ambiental, todo lo cual requiere una cadena de suministro segura y estable, dependiente del maíz. El alto valor del novillo a US$6 por kilo es lo que impulsa la demanda de maíz, y con ello, la atracción principal para el desarrollo del riego. Si el ritmo de adopción se mantiene, el área de maíz regado podría alcanzar las 50.000 hectáreas en la próxima siembra.
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