Una semana de gran volatilidad dividió el comportamiento de los mercados de granos

Los mercados de granos vivieron una semana de marcada inestabilidad, con los precios de la soja y el maíz registrando descensos pronunciados, mientras que el trigo logró un repunte del 3%. Esta dinámica se observó en la decimoséptima semana de mayo de 2026, según el análisis de Blasina y Asociados.

En detalle, el trigo y la colza cerraron la semana con incrementos en sus cotizaciones. En contraste, la soja y el maíz, que habían iniciado con alzas, experimentaron una abrupta caída a partir del jueves. Esta significativa baja, especialmente en soja y maíz, estuvo influenciada por la desilusión de los operadores en Estados Unidos, quienes esperaban anuncios concretos de compras chinas de productos agrícolas estadounidenses tras la cumbre entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping, los cuales no se materializaron.

A pesar de la fluctuante situación general, el trigo se destacó con un aumento del 3% en su valor semanal. Los mercados de cereales y oleaginosas atravesaron un período de enorme volatilidad, pautado por dos eventos clave que relegaron a un segundo plano el impacto del conflicto en Medio Oriente y la cotización del petróleo. Por un lado, el martes, un informe sobre oferta y demanda del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) impulsó los precios, particularmente los del trigo. Por otro lado, la reunión Trump-Xi, celebrada el jueves y viernes, los desinfló, especialmente en el caso de la soja.

Al cierre del viernes, la cotización del trigo para la posición diciembre de 2026 en la Bolsa de Chicago ascendió de US$ 240 a US$ 246 por tonelada. Sin embargo, el miércoles había alcanzado picos de US$ 260, rozando el límite permitido por el mercado. Este ascenso se produjo luego de que el informe del USDA pronosticara una cosecha en Estados Unidos muy inferior a lo esperado: 42,5 millones de toneladas, la cifra más baja desde 1973 y considerablemente por debajo de los 54 millones de toneladas de la campaña 2025/2026, así como de los 47 millones que proyectaban los analistas horas antes del reporte.

La soja, por su parte, también recibió un impulso inicial de los datos del USDA, con una revisión a la baja de las existencias finales en Estados Unidos, de 9,52 a 9,25 millones de toneladas, cifra que quedó por debajo de los 9,50 millones de toneladas que anticipaban los operadores del mercado.

La estimación del USDA para la producción estadounidense de soja 2026/27 fue de 120,7 millones de toneladas, superando los 116 millones de toneladas de la cosecha anterior, aunque fue inferior a las proyecciones privadas, que se ubicaban en 121,03 millones de toneladas.

El maíz, que había acompañado las subas iniciales, también vio cómo la ausencia de los anuncios esperados de la cumbre en Beijing provocó una caída en sus cotizaciones, junto con la soja. La soja retrocedió US$ 20 en dos días, culminando con un descenso semanal del 2,5%, mientras que el maíz perdió US$ 10 en el mismo período, cerrando con una baja semanal del 3%.

En el mercado europeo Matif, la colza se mantuvo al margen de las variables estadounidenses y replicó la evolución del petróleo, que, a pesar de sus altibajos, terminó la semana con un incremento del 8%, pasando el barril de Brent de US$ 103 a US$ 109.

Esta referencia para las oleaginosas de invierno, destinadas a la producción de combustible de aviación, subió 10 euros. En Uruguay, esto posibilitó la cotización y el cierre de operaciones por parte de productores locales a valores superiores a US$ 540 por tonelada para la colza y US$ 580 para la carinata. Esto ocurre en medio de una campaña de siembra que anticipa un área récord, abarcando más del 50% del total de la superficie de cultivos de invierno.

En Uruguay, la soja alcanzó cotizaciones de US$ 420 por tonelada, marcando el precio más alto de la actual campaña, que se encuentra en plena fase de recolección. Esta se ha visto acelerada por condiciones climáticas favorables que permiten un progreso constante de la trilla, así como la siembra de colza, que a mediados de mayo se aproxima a la finalización de sus fechas óptimas, y de la cebada. Durante las primeras dos semanas de mayo, Aduanas registra solicitudes de embarque por 227 mil toneladas de soja a un precio promedio FOB de US$ 424. En abril, se exportaron 286 mil toneladas a un valor de US$ 414 por tonelada.

Impulsada por el alza del trigo, la cebada —cuyos contratos con las malterías se rigen por el precio de diciembre en Chicago— mostró cotizaciones de US$ 260 por tonelada, las cuales se tradujeron en fijaciones de precios. Se espera que la superficie de cebada replique las 150 mil hectáreas de la campaña anterior. Por su parte, el trigo disponible, que había mostrado gran estabilidad, experimentó un repunte hasta los US$ 225 por tonelada en la semana, aunque resintió las correcciones en Chicago, cerrando el viernes entre US$ 210 y US$ 215.

En cuanto al arroz, la cosecha se completó con un volumen de 1,5 millones de toneladas. La apreciación del dólar en Brasil se tradujo en un descenso del precio del arroz, de US$ 12,68 a US$ 12,08 por bolsa, hacia el final de la recolección. Si bien venía ajustándose progresivamente en reales, la depreciación del 3,2% de la divisa local frente al dólar en la semana acentuó el retroceso en moneda estadounidense.

En Uruguay, la semana concluye sin un acuerdo entre productores e industria molinera respecto al precio definitivo para el arroz de la campaña pasada, manteniéndose el valor provisional de US$ 11,05 por bolsa.

La cosecha de arroz 2025/26 proyecta una productividad promedio a nivel nacional de entre 9.000 y 9.200 kg/ha, situándose entre los cinco mejores registros históricos. Este logro se atribuye a mejoras en genética, tecnología, maquinaria y las fechas de siembra. La producción total podría alcanzar 1,5 millones de toneladas, unas 200 mil menos que en la campaña récord anterior, si se logra el límite superior de la estimación de la Asociación de Cultivadores. A pesar de ser el sexto ciclo consecutivo con un rendimiento promedio superior a los 9.000 kg/ha, para los productores que arriendan agua y tierra, la campaña actual arroja resultados negativos, lo que compromete directamente la siembra del próximo año.

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